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En Clave Social

Entrevista

"Para intervenir en una realidad tan poliédrica como la social, necesitamos toda la ciencia disponible, todos los ángulos de observación y las capacidades posibles"

Luis Barriga Martín, especialista en intervención social, trabaja como técnico en la Gerencia de Servicios Sociales de la Junta de Castilla y León

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RAQUEL VILLALÓN

Luis Alberto Barriga Martín es un trabajador social dedicado a los servicios sociales desde hace casi 30 años. Conocedor de los mismos y de las políticas públicas de bienestar, es miembro activo de la Asociación Estatal de Directoras y Gerentes de Servicios Sociales, la entidad que elabora el índice DEC de desarrollo de los servicios sociales, los dictámenes sobre el funcionamiento de la Ley de Dependencia o los Informes sobre el Estado Social de la Nación.

Especialista en intervención e investigación social y autor de numerosos artículos y publicaciones, Barriga es funcionario de la administración local y actualmente desarrolla su trabajo en la administración autonómica como técnico en la Gerencia de Servicios Sociales de la Junta de Castilla y León.

1.- Formas parte de la Asociación Estatal de Directoras y Gerentes de Servicios Sociales. ¿Desde qué fecha perteneces a dicha asociación? ¿Cuáles son las principales motivaciones profesionales y personales que te llevaron a formar parte de ella?

Tuve el privilegio de ser uno de los socios fundadores allá por 1994 en Zaragoza, hace justo ahora veinticinco años. Se formó por iniciativa de un grupo de profesionales que provenían de un ‘Máster en dirección y gerencia de servicios sociales’ al que nos sumamos otras personas vinculadas a los servicios sociales, en mi caso por invitación de María Jesús Brezmes. Entre los promotores había figuras tan importantes como Patrocinio de las Heras, Lucila Corral, Elvira Cortajerena, Gustavo García o José Manuel Ramírez.

El objetivo de la asociación siempre ha sido el debate, la generación de ideas y la innovación en los servicios sociales. Es un foro en el que discutimos desde diferentes perspectivas profesionales e ideológicas y sin formalismos. Compartimos como valores comunes la orientación a las personas, la defensa de lo público y el valor de la proximidad en los servicios sociales. Llevamos a gala que la discrepancia es para nosotros fuente del conocimiento y que las diferentes opiniones se discuten y se anotan, pero sin necesidad de consensuar necesariamente una sola postura. También defendemos a ultranza nuestra independencia hasta el punto de obligarnos a nosotros mismos a no recibir ninguna financiación pública o privada aparte de la cuota de socios y socias. Es verdad que somos más conocidos por nuestra faceta reivindicativa y de incidencia política en la defensa de los servicios sociales. Gracias a ello la asociación es un referente a nivel nacional, aunque esto también supone asumir el importante esfuerzo y desgaste que provoca estar siempre en primera línea.

2.- La asociación se encarga, entre otras muchas tareas, de elaborar cada ejercicio el índice DEC. ¿Cuál es el proceso para elaborar dicho índice? ¿Cuál es tu papel en su elaboración?

El índice DEC es una evaluación del funcionamiento de los servicios sociales que triangula tres aspectos: los derechos reconocidos, los esfuerzos presupuestarios y las coberturas reales que se ofrecen a la población en cada territorio. Así podemos aproximarnos a analizar la eficacia y la eficiencia del sistema observando la correlación entre estas dimensiones que son evaluadas a través de 25 indicadores objetivos, con sus resultados por comunidades autónomas, de forma que también permite realizar comparativas territoriales. La fase de obtención de datos es muy delicada y supone mucho rigor y esfuerzo. Las fuentes de información han de ser públicas y normalizadas y, lamentablemente, los datos no siempre resultan accesibles o suficientemente actualizados.

Mi aportación personal al DEC se centra en la valoración de los parámetros económicos y presupuestarios, además de colaborar en la redacción del informe global. Lo más interesante del índice DEC es que ya acumula una serie temporal con seis informes desde 2012 lo que permite un análisis longitudinal de evolución y tendencias de los servicios sociales en España. Recientemente se ha cerrado el contenido de un nuevo índice aplicable a los servicios sociales del ámbito local y ya se está pilotando en algunos municipios españoles.

3.- Durante todos estos años de trayectoria profesional habrás visto alcanzados los objetivos que te habías formulado como aportación al trabajo social. ¿Cuáles eran esos objetivos? ¿Cuáles se cumplieron hasta el momento?

Sinceramente, no creo que pueda presumir de aportaciones relevantes al trabajo social. Es cierto que he tenido la suerte de estar siempre en ‘modo aprendizaje’ y cercano a la vanguardia de los servicios sociales. Creo que tuve una magnífica formación básica gracias a la entonces ‘Escuela’ de Valladolid y el resto ha consistido en practicar, moverme, experimentar y no parar de aprender, pero sin perder de vista unos fundamentos de la profesión que siguen estando ahí desde el principio. Tengo siempre la sensación de estar en deuda y de no haber devuelto suficientemente lo que le debo a mis maestros y a la profesión. Si he realizado alguna contribución, creo que habrá sido a los servicios sociales más que al trabajo social en sí.

4.- Es muy propio de los trabajadores sociales, y otras profesiones, realizar un análisis DAFO, desde el punto de vista de cómo funcionamos como profesionales. Desde el interior, ¿qué fortalezas propias te han servido para afrontar determinadas situaciones? ¿Cómo se desarrollaron dichas situaciones y cómo las viviste?

Si hablamos de fortalezas, creo que tengo cierta facilidad para absorber y conectar cuestiones procedentes de diferentes disciplinas, aparentemente inconexas o incluso divergentes. Dicho de otra forma, tiendo siempre a revisar el foco para intentar analizar una misma realidad desde diferentes perspectivas. El acercamiento a disciplinas diversas como el derecho, la economía, la historia o la música me sirve para revisar constantemente la visión ‘habitual’ de las cosas y encontrar otros enfoques y otras respuestas. Por otra parte, la tozudez y el optimismo también ayudan. Tozudez en la pretensión de que las cosas son siempre muy mejorables y optimismo en que la mejora siempre es posible.

5.- ¿Cómo consideras que debe ser la relación del trabajador social con las diferentes disciplinas con las que se trabaja habitualmente?

Soy ferviente defensor de que el punto de vista más importante es y ha de ser siempre el de las personas usuarias para las que trabajamos. Cuando –afortunadamente- diversos profesionales, trabajan sobre un mismo sujeto de intervención todo fluye bastante bien si se comprende y se asume que el “con quién” trabajamos se ha de subordinar al “para quién” trabajamos.

La realidad social es la más compleja de las realidades observables. Esto debería hacernos reflexionar en que, para intervenir en una realidad tan poliédrica como la social, necesitamos toda la ciencia disponible, todos los ángulos de observación y todas las capacidades y habilidades posibles. No es una cuestión de ‘amabilidad’ interprofesional, o de llevarnos bien, es una obligación deontológica. Nos necesitamos unos a otros porque nadie está en posesión de la sabiduría ni de la verdad absolutas. Lo realmente interesante y enriquecedor es la complementariedad y la sinergia de personas en equipos de profesionales que atesoren diferentes visiones. Me gusta denominarlo ‘mestizaje científico’.

6.- Menciona lo que consideras positivo del trabajo social, y aquello que consideras negativo y en lo que debemos de luchar para que se visibilice nuestro trabajo y se nos tenga más en cuenta

Empezaré por lo negativo. Reconozco que últimamente estoy un tanto enfadado con la visión generalizada de la profesión que procede, sin duda, de la imagen que ofrecemos. Me preocupa el ejercicio empobrecido del trabajo social. Es cierto que nuestra disciplina es aún muy nueva y que hemos estado condicionados por las dificultades para investigar y generar evidencia científica suficiente. Actualmente, la academia nos ofrece la posibilidad de acceder a cierta ‘suficiencia investigadora’ pero –sé que al decir esto no haré muchos amigos- en mi opinión la flagrante ausencia de trabajadores sociales experimentados en el ‘cursus honorum’ de los departamentos universitarios en España, está pervirtiendo y vaciando de contenido lo troncal del trabajo social.

Además, creo que ya se está dando por válida una insana confusión entre trabajo social (disciplina / profesión) y servicios sociales (una política social concreta) y que ya se forma más en la gestión de recursos que en las esencias. A esta confusión ha colaborado que el actual ejercicio del trabajo social en las instituciones también se ha empobrecido seriamente por el énfasis en la gestión más que en la intervención social. Visibilizar, poner en valor el trabajo social para la sociedad y que se nos tenga en cuenta implicaría merecerlo, es decir, ofrecer resultados algo diferentes a los que estamos ofreciendo.

El trabajo social necesario y avanzado es aquel que responde con solidez a la intervención entendida como el uso del espacio relacional para impulsar, facilitar y acompañar los proyectos vitales de personas, grupos y comunidades. Ese espacio relacional de interacción humana es el ‘nicho’ propio en el que ninguna máquina nos podrá sustituir y en el que podemos ser útiles a la sociedad. Esto lo realizan actualmente cientos, miles de colegas de profesión y lo hacen extraordinariamente bien. Solo nos falta sistematizar más un conocimiento que es muy importante y que es un capital que no debemos infravalorar.

7.- La investigación es un campo apasionante en el que el trabajo social no se ha desarrollado suficientemente. ¿En qué aspectos debemos mejorar los trabajadores sociales para ser buenos investigadores?

Es importantísimo que nos sumemos a la investigación básica y que realicemos investigación aplicada. Investigar empieza por hacerse buenas preguntas y a nosotros no nos faltan. Nos falta involucrarnos activamente en desvelar el funcionamiento de los procesos personales y sociales complejos, y experimentar e identificar las estrategias de abordaje más plausibles mediante ensayos clínicos. Por cierto, ninguna investigación en este sentido puede realizarse desde una profesión, sino que el mestizaje al que me refería antes es muy importante.

Actualmente se abre una ventana de oportunidad enorme al acumularse por fin un cierto volumen de datos estructurados procedentes de los sistemas de información en servicios sociales y en otros sistemas que están esperando a que alguien con cierto dominio de la ontología de los fenómenos sociales los utilice para extraer evidencias con la ayuda de la ‘ciencia de los datos’.

PREGUNTAS DE TÚ A TÚ:

1.- ¿Qué te lleva a tomar la decisión de estudiar Trabajo Social?

La casualidad. En junio de 1987, el mismo día que entregué los papeles para matricularme en Derecho, cayó en mis manos un folleto de la Escuela Universitaria de Trabajo Social. Lo leí y me resultó fascinante la miscelánea de materias que proponía y la orientación de la carrera al cambio social. Al día siguiente anulé la matrícula de Derecho y cambié el rumbo hacia el Trabajo Social.

2.- ¿Qué fue lo primero que hiciste nada más terminar la carrera de Trabajo Social? ¿Continuaste tus estudios? ¿Cuál fue tu primera experiencia laboral como trabajador social?

En aquellos tiempos, en muchos casos y afortunadamente, lo primero que hacías al acabar era ponerte a trabajar. Terminé la diplomatura en junio del 90 y me presenté a unas plazas de animador comunitario de CEAS en la Diputación de Valladolid. En noviembre ya estaba incorporado. Por otra parte, nunca he dejado de estudiar. Fue muy relevante para mí el Máster en Consultoría de Desarrollo Organizacional. El acceso al Grado de Trabajo Social y el Máster Oficial en Intervención Social vinieron después.

La primera experiencia real preparatoria a lo laboral fue con las prácticas de 3º. En aquellos tiempos ya tenía un horario de atención en un CEAS y gestionabas los casos que entraban. La primera experiencia laboral en sentido estricto fue en el CEAS rural de Villalón y Mayorga en Valladolid.

3.- ¿Qué consideras lo mejor de tu trabajo actual? ¿Y lo peor? ¿Cómo lo reforzarías?

Actualmente soy técnico en los servicios centrales de la Gerencia de Servicios Sociales, y la verdad, me siento muy afortunado por dos razones: formo parte de un equipo extraordinario tanto en el plano técnico como en el plano humano y, por otra parte, ¡siento que me pagan por pensar! La exigencia es dar la talla desde el punto de vista técnico y no parar de aprender para estar en vanguardia y asumir la responsabilidad de reflexionar continuamente en la mejora del sistema. Es un privilegio que espero que dure.

4.- ¿De qué te sientes más orgulloso en tu vida, tanto profesional como personal?

En el plano profesional, creo que he procurado mantener una trayectoria de coherencia. Me creo mi profesión y procuro un ejercicio profesional crítico y responsable. Compaginar el plano funcionarial, la lealtad institucional y la militancia por el sistema público de servicios sociales no siempre es fácil. En el plano personal, me lo reservo.

5.- Un proyecto actual por el que te sientes muy ilusionado

En los últimos tres años he estado vinculado a un proyecto de innovación en servicios sociales (PACT) y ahora existe la oportunidad de continuar con algunas facetas de la investigación durante al menos otro año más, además de asumir el reto de transferir elementos clave del proyecto original al resto de la Comunidad.

6.- Idea de la felicidad para ti

En términos del viejo Maslow, poder centrarme en las necesidades de lo más alto de la pirámide y no preocuparme de las de abajo.

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