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En Clave Social

Entrevista

"Las situaciones de urgencia y emergencia acostumbran a contener variables de índole social que hay que resolver con inmediatez"

El trabajador social sanitario Ángel Luis Arricivita ha impartido en las últimas semanas distintas formaciones online sobre emergencias sociales en el marco de la crisis del COVID-19

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RAQUEL VILLALÓN

Ángel Luis Arricivita fue el primer trabajador social sanitario en especializarse en situaciones de emergencia y urgencias. Graduado también en Criminología, actualmente desarrolla su labor profesional en un centro de salud, tarea que compagina con la docencia. Es autor de numerosos artículos y libros y ha impulsado la revista digital ‘Psicosocial y Emergencias’.

Con motivo de la crisis sanitaria del COVID-19, Ángel Luis Arricivita ha participado como docente en varias de las formaciones online sobre emergencias sociales que el Consejo General del Trabajo Social ha ofrecido a todo el colectivo de profesionales del trabajo social.

1.- ¿Qué diferencia existe entre una urgencia y una emergencia?

Existe mucha variedad conceptual con ambos términos debida a diversos factores. En cualquier caso, en nuestro contexto sociocultural la urgencia se asocia con una situación que requiere respuesta inmediata, que afecta a un número muy limitado de personas y que formaría parte de lo habitual para ese servicio de atención urgente. A esto cabe añadir el componente subjetivo de la urgencia, es decir, lo que es urgente para el afectado o su entorno puede no coincidir con la valoración del profesional.

Por otra parte, la emergencia está asociada más con lo extraordinario para la ciudadanía, con múltiples afectados y daños, y en la que no faltarían acciones urgentes. Una inundación, por ejemplo. Sin embargo, los servicios vinculados a la atención urgente de diferentes especialidades manejan sus propios criterios a la hora de conceptuar lo que es una urgencia o una emergencia. En cualquier caso, una y otra comparten el factor tiempo, la necesidad de actuar con celeridad.

Los trabajadores sociales ya nos manejemos a diario con la respuesta social urgente, y hemos de conocer los matices conceptuales de ambos términos en los diferentes servicios intervinientes. Ahora bien, lo que nunca hemos de perder de vista los profesionales del trabajo social es que una urgencia de un servicio es generalmente una emergencia en una persona y su entorno más próximo.

2.- ¿Qué le hace pensar que el trabajo social tiene que estar en cualquier situación de emergencia?

Cualquier situación de emergencia es susceptible de generar problemas y necesidades prácticas y sociales en cualquier nivel, ya sea individual, familiar o colectivo. Los estudios que se han realizado en escenarios sanitarios, en servicios sociales comunitarios y especializados en urgencia-emergencia social así lo demuestran. En este sentido, he podido identificar cerca de cincuenta situaciones de emergencia, en diferentes contextos, en las que podría generarse problemática social y, consecuentemente, ser necesaria nuestra intervención.

A todo esto se une el potente soporte normativo a nivel estatal con que contamos, como la Ley del Sistema Nacional de Protección Civil, y los múltiples planes de emergencias territoriales y especiales que hablan de la atención social como una acción más llevar a cabo en la resolución de una emergencia. Incluso las leyes autonómicas más recientes de servicios sociales dedican especial atención a ella.

Por tanto, una de las múltiples tareas pendientes de nuestro colectivo es informar y formar a los intervinientes de primera línea _bomberos, policías, sanitarios emergencistas)_ en la detección de problemática social en situaciones críticas y en el rol que desempeñamos ahí.

3.- ¿Cómo puede un profesional del trabajo social formarse en emergencias sociales?

En primer lugar, en referencia al término emergencias sociales, quiero dejar claro que la emergencia es un entramado multiproblemático que requiere la participación de actores de diversas especialidades para su resolución en dependencia de los problemas y necesidades que se detecten al inicio y en la evolución de la misma. Adjetivar una emergencia como “social” viene a resaltar que el núcleo central de la misma es de carácter social, como por ejemplo la pérdida sobrevenida de un cuidador. Pero no significa que los únicos intervinientes en la misma sean trabajadores sociales, pues las emergencias puras no existen.

En cuanto a la formación, hoy día la oferta formativa específica corre a cargo de diferentes colegios oficiales de trabajo social, incluso del Consejo General de Trabajo Social como ocurre en esta situación del COVID-19, que la ofertan a sus colegiados con diferentes grados de implicación. Obviamente, los integrantes de los colegios que tienen grupos de intervención en emergencias, tienen más posibilidades, y mayor responsabilidad, de estar al día.

Existe también alguna oferta formativa a nivel de cursos de postgrado a cargo de algunas universidades pero ninguna específica para profesionales del trabajo social. Pero las existentes no contemplan la especificidad de nuestro cometido ni, creo, entre su panel de docentes constan trabajadores sociales. La única referencia en este sentido es un módulo específico referido al trabajador social sanitario en urgencias y emergencias sanitarias dentro del Máster Oficial de Trabajo Social Sanitario de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Son diversas las acciones pendientes en el marco de la formación profesional en urgencias-emergencias, y una de ellas es la necesidad de una especialización en trabajo social.

4.- ¿Qué diferencia existe, a su juicio, entre la vivencia que experimenta una persona en una catástrofe natural y en una situación como la que estamos viviendo por la crisis del COVID- 19?

El punto de partida es que en ambas se tratan de experiencias potencialmente traumáticas, cuya vivencia siempre será subjetiva. Es decir, el impacto y la resolución van a variar en cada persona en dependencia de factores objetivos como el tipo de situación, la duración, la intensidad, la repetición, la instauración, incluso la posible intencionalidad. Ambas, catástrofe natural y COVID-19 contienen elementos diferenciados que pueden contribuir a un mayor impacto, como es la instauración repentina, que sea un hecho prolongado y, además, repetitivo. A su vez están implicados factores subjetivos en la vivencia, como la edad, experiencias complejas previas, estrategias de afrontamiento de estrés, personalidad, posible prepatología psiquiátrica, etc. Y, en tercer lugar, el componente social: a nivel individual, la existencia en el momento, y a partir del mismo, de soporte social en todo su alcance _emocional, material, informativo, etc._ y, en el contexto comunitario, la posibilidad de reconocimiento como víctima. Esos tres factores conjugados van a condicionar la afectación y la resolución en la persona.

Verse inmerso en un terremoto, considerado fenómeno natural, y en esta pandemia tiene varios aspectos diferenciadores: la impercepción por los sentidos en el caso de la pandemia por COVID-19, que lleva a que parte de la población se muestre incrédula en algún momento y, derivado de esto, poco colaboradora en las medidas preventivas; la facilidad de contagio; la declaración de estado de alarma y sus decisiones añadidas como el confinamiento y las restricciones; las características de las medidas sanitarias _distanciamiento social, higiénicas, aislamiento en domicilio en casos de riesgo, procesos de duelo “crueles”_; y la incertidumbre instaurada como parte de lo cotidiano.

5.- ¿Cómo actúa el trabajador social de emergencias y cuál es la tónica que se repite, aunque cada situación y cada persona sea distinta?

Me parece interesante el apunte que hace de que “cada situación y cada persona sea diferente”. Efectivamente, esto nos vincula con la dignidad y con la unicidad de cada persona, al tiempo que nos recuerda que trabajamos con personas que tienen problemas, y no con estos. Esto son premisas, puntos de partida en cualquier acción de los hombres y mujeres del trabajo social, máxime cuando trabajamos con gente con vivencias de angustia, desazón, miedo intenso, incertidumbre e impotencia, propias de eventos críticos.

A partir de aquí, la intervención del trabajador social va a precisar de una valoración de la situación que arrojará, cuando menos, un prediagnóstico social, dando paso a las acciones pertinentes. Hay aspectos que suelen ser comunes en su inicio, como el desconcierto, incluso caos, o la escasa información social, lo cual genera reacciones de estrés en los afectados. Proceden, por tanto, acciones de primeros auxilios psicológicos e información. Esto nos recuerda que nos estamos moviendo en el modelo de intervención en crisis, por lo menos en el corto plazo. Por supuesto, no es lo mismo el trabajo a desarrollar en una gran emergencia, que puede conllevar la pérdida de vidas humanas, por ejemplo, que en una situación donde haya escasos afectados. El solo hecho de la existencia de una persona muerta genera unas dinámicas diferentes.

A su vez, las emergencias, máxime si se prolongan en el tiempo, pueden ser muy cambiantes en lo que respecta a las necesidades prácticas y sociales de las personas afectadas. Varían en tiempo y espacio conforme evoluciona la situación. Por tanto, la flexibilidad ha de ser una máxima en el trabajo social a desarrollar desde el minuto cero. Por supuesto, tampoco se puede perder de vista que las emergencias requieren coordinación, tanto entre servicios, instituciones y dispositivos sociales como con otras materias. Los trabajadores sociales no trabajamos en estos contextos por libre, ni debemos ir por libre.

Pero la actuación propiamente dicha solo será posible si hay un trabajo previo de determinación de recursos necesarios para la atención social, formación especializada y continuada, protocolos de activación e intervención, previsión de riesgos, detección de personas con potencial mayor vulnerabilidad psicosocial en emergencias, etc. Es decir, un trabajo de prevención primaria.

6.- ¿Qué le ocurre al trabajador social que, formado en el ámbito de emergencias sociales, se enfrenta por primera vez a una realidad como la del COVID-19?

De entrada, creo que para la mayoría de los profesionales del trabajo social es la primera vez que en España nos enfrentamos a una pandemia. Obviamente, quien ha tenido oportunidad de hacer un trabajo previo, como puede ser formarse o contar con una estructura organizada de respuesta a emergencias, está en mejores condiciones de afrontar la situación. Esto no quiere decir que estemos suficientemente preparados para una situación de estas características.

Probablemente quienes estén formados valorarán la importancia no solo de tener unos conocimientos teóricos y prácticos, sino de que esa formación sea continuada, de que exista una mejor coordinación interdispositivos e instituciones sociales en el marco de las emergencias, y de que esa coordinación se extienda con el resto de actores de la atención. También sería interesante que valore el momento histórico que está viviendo y la experiencia que le está aportando, incluso que lo documentara. En cualquier caso, en mayor o menor medida, esta experiencia nos interroga a todos en lo personal, lo profesional y como seres sociales; y nos permitirá evaluarnos y sacar nuestras propias conclusiones.

7.- ¿Qué lección cree usted que le va a quedar, derivada de esta realidad tan compleja, al trabajador social de emergencias sociales?

No cabe duda que la vivencia que haya podido tener va a estar condicionada por múltiples factores: el servicio desde dónde ha trabajado junto con su cometido específico, su personalidad, su experiencia previa en grandes emergencias, su formación en este campo, sus estrategias de afrontamiento en situaciones críticas, su momento vital personal, si ha tenido alguien cercano que ha tenido la enfermedad o ha muerto a consecuencia de la misma, su soporte social efectivo y sentido en el más amplio sentido, su edad, etc. Por tanto, el aprendizaje va a estar condicionado por esos factores y, como tal vivencia, será subjetivo.

Junto a eso, y más en el plano objetivo, deberíamos haber aprendido que somos profesionales muy valiosos, que tenemos que cuidarnos para poder dar lo mejor de nosotros mismos y que nunca estaremos suficientemente preparados para responder a una gran emergencia o catástrofe.

8.- ¿Y a las instituciones públicas, respecto a la gestión de la crisis del COVID-19?

En este sentido, mi opinión puede estar parcelada al no conocer la situación en la totalidad del territorio nacional con respecto a la gestión de las administraciones públicas con responsabilidad en el ámbito de lo social; aunque mucho me temo, por las informaciones disponibles, que puede ser extensible a buena parte del mismo. En lo que conozco por la experiencia directa en Huesca, se ha evidenciado la situación nefasta de las residencias de personas mayores, avalada por normativas consentidas, algo nada nuevo; así como la tardanza y falta de capacidad resolutiva, probablemente debida al no tener incorporada la cultura de la atención urgente, a diferencia de los dispositivos sanitarios, por ejemplo.

En consecuencia, las enseñanzas que habrían de haber adquirido las instituciones públicas con competencias en materia de servicios sociales en sus diferentes niveles administrativos serían que el tema de residencias de personas mayores necesita una revisión muy profunda y de amplio alcance; que de una vez por todas, y junto con las instituciones sanitarias, se haga efectiva la coordinación sociosanitaria; y, por último, que los servicios sociales y los trabajadores sociales no pueden seguir de espaldas a la problemática social vinculada a situaciones de urgencia-emergencia. Estas, como se ha demostrado, acostumbran a contener variables de índole social que hay que resolver con inmediatez.

9.- ¿Puede dibujarnos un mapa del panorama con el que nos vamos a encontrar en relación a la problemática social que se genere debido a esta crisis?

Conviene recordar que desde el minuto cero de la emergencia se ha atendido la problemática social. En unos casos la generada directamente por el COVID-19, a cargo de los trabajadores sociales sanitarios de los hospitales, principalmente; además de los problemas sociales generados por las medidas de confinamiento, restricciones y aislamiento domiciliario, donde los colegas de los centros de salud y los servicios sociales comunitarios se han visto más implicados, incluso algún dispositivo de emergencias de los colegios de trabajo social. Todo lo cual ha podido generar un daño social que requerirá, en algunos casos, de valoración del mismo a cargo de peritos sociales.

A partir de aquí, en la medida del éxito resultante de las acciones en el marco del estado de alarma, el núcleo central de la emergencia se desplazará, poco a poco, de “sanitaria” a “social”. Obviamente, ya el propio confinamiento ha generado problemas a nivel microsocial que tendrán sus consecuencias tras esta medida. Es el caso de disputas familiares, violencia en el entorno convivencial, incremento en el consumo de redes sociales, juego online, alcohol y otras drogas, duelos congelados o postergados, vivencia exacerbada de soledad, etc.

A partir de aquí me temo que los que trabajamos en sanidad nos vamos a encontrar _de hecho ya empezamos a verlo_ mucha descompensación en pacientes psiquiátricos, fuerte incremento en las dificultades para autodesenvolverse en pacientes crónicodependientes, sobre todo mayores que en algunos casos será ya definitiva, claudicación en cuidadores, incremento de dependencias con alto riesgo de aislamiento social, duelos mal elaborados. Además habrá más desempleo, incluso en gente que ya no tendrá posibilidad de incorporarse al mercado laboral por la edad, más pobreza, más situaciones de exclusión social, repuntes en la delincuencia, incluso es posible un incremento de suicidios.

10.- Es licenciado en Criminología. ¿Por qué decidió estudiar esta carrera? ¿Cómo le ha ayudado esta formación en su profesión?

Siempre me atrajo la Criminología, como ciencia vinculada a la parte oscura, de maldad de la persona, conocer los porqués del hecho delictivo y sus consecuencias; además de que me encanta la investigación. Esto fue posible a partir del 2005, cuando en España se presentó como carrera universitaria. Tenía necesidad de ampliar mis conocimientos como trabajador social sanitario y, además, la formación habría de ser de una disciplina que me gustara, para disfrutarla. Como así fue.

Me ha aportado formación nueva en unos casos, como las asignaturas de Medicina Legal y Ciencias Forenses, Victimología, Psicología del Testimonio y la propia de Criminología, todas ellas me gustan mucho; y, en otros, me ha complementado la que ya tenía, como las de Derecho Penal, Psiquiatría Forense y Violencia Familiar y de Género. Todo ello me ha permitido adentrarme en el mundo de la investigación del daño social en situaciones traumáticas, en el cual sigo trabajando. No me cabe la menor duda de que ambas disciplinas tienen mucho que aportar la una a la otra, pueden beneficiarse mutuamente y formar un buen tándem.

11.- ¿Seguiremos siendo los trabajadores sociales servicios esenciales en esta sociedad o esta nomenclatura “es puntual” y quedará en el olvido cuando toda esta situación pase?

Bueno, en realidad, la Orden SND/295/2020 hace referencia a todos los centros y entidades de servicios sociales y a su personal en su consideración como servicios esenciales. Con esto quiero decir que no solo alcanza a los trabajadores sociales como figura relevante en los servicios sociales, sino a profesionales de otras especialidades vinculados con los cuidados personales y la relación de ayuda. En lo que concierte a los servicios sociales en su conjunto, sin duda esta situación puede suponer un espaldarazo a la importancia de su papel esencial y a la visibilización de sus carencias, que están impidiendo _ya desde la crisis del 2008_ responder al objeto de su existencia.

Por lo que respecta a los hombres y mujeres del trabajo social, al margen del servicio donde desempeñan su especialidad, es una oportunidad de dar a conocer su rol en una situación crítica como esta desde su servicio específico y, al tiempo, de afianzar su necesidad de intervención en emergencias, como así se recoge en la Ley del Sistema Nacional de Protección Civil, múltiples planes autonómicos y especiales de protección civil y emergencias, y diversas leyes autonómicas de servicios sociales. Pero, sin duda, los responsables de que esta oportunidad de visibilización, desarrollo y consolidación no quede en el olvido, somos todos los integrantes del colectivo de trabajo social, los diversos colegios oficiales, el Consejo General, y las asociaciones y sociedades de diversas especialidades de trabajo social.

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