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En Clave Social

Entrevista

"Es una obligación del trabajo social sanitario contribuir a crear marcos teóricos que contribuyan a la sistematización de las prácticas"

Verónica Olmedo Vega ejerce desde 2015 como trabajadora social sanitaria en el Hospital Clínico Universitario de Valladolid, vinculada al área de neurología

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RAQUEL VILLALÓN

El trabajo social sanitario es la actividad profesional que se ocupa de los aspectos psicosociales del individuo, a través del estudio y tratamiento de los factores sociales que concurren en la promoción de la salud y en la aparición de la enfermedad de las personas, las familias, los grupos y la comunidad.

Tras estudiar la carrera de trabajo social y la licenciatura de Antropología Social y Cultural, Verónica Olmedo Vega comenzó su andadura profesional en un centro de acción social, antes de dedicarse plenamente al trabajo social sanitario. Su investigación en pacientes con ictus cerebral ha derivado en los artículos ‘Intervención en pacientes con ictus desde el Servicio Médico de Neurología del Hospital Clínico Universitario de Valladolid’ y ‘Repensando la intervención psicosocial con pacientes con ictus’.

P.- ¿Qué hace un trabajador social en el ámbito hospitalario? ¿Qué técnicas utiliza fundamentalmente?

R.- La actividad profesional del trabajo social sanitario que se realiza en un hospital tiene unas características propias diferentes a las de los centros de salud o asociaciones, entre otros lugares. Nuestro trabajo se basa fundamentalmente en un modelo de intervención social en crisis, el acompañamiento social durante el ingreso y la resolución de problemas. El plan poshospitalización al alta ha de establecerse y garantizarse durante el tiempo de hospitalización del paciente. El tiempo de permanencia fluctúa y es impredecible, por ello la intervención social exige flexibilidad y alerta continua.

En nuestra unidad de trabajo social realizamos fundamentalmente cinco funciones generales: información, orientación y asesoramiento; estudio y valoración de la situación sociofamiliar; diagnóstico social sanitario y tratamiento social; soporte psicosocial; y la gestión y trámite de recursos sanitarios, sociosanitarios y comunitarios. Además, hay intervenciones y tratamientos sociales específicos para cada servicio médico, como en pediatría, en neurología o en traumatología, entre otras especialidades.  

P.- ¿Cuáles han sido las principales motivaciones que te han llevado a investigar en pacientes con ictus cerebral?

R.- Siempre he tenido gran curiosidad por el cerebro, el órgano más complejo del cuerpo, responsable del pensamiento, la memoria, las emociones, el habla y el lenguaje. En definitiva, forma parte del centro de control de todo el cuerpo. Me quedé fascinada cuando descubrí aquella frase de Hipócrates: “Los hombres deberían saber que del cerebro y nada más que del cerebro vienen las alegrías, el placer, la risa, el ocio, las penas, el dolor, el abatimiento y las lamentaciones”.

Mi pretensión es acompañar a la persona desde su diagnóstico, sintonizando con ella, con la presente, no con la que era antes del ictus. Garantizar el acompañamiento social con y para la persona que es después de sufrir un ictus.

P.- ¿Cuál es el papel del trabajo social en la investigación? ¿Y el papel en el estudio del que se derivan los artículos que has publicado recientemente: ‘Intervención en pacientes con ictus desde el Servicio Médico de Neurología del Hospital Clínico Universitario de Valladolid’, y ‘Repensando la intervención psicosocial con pacientes con ictus’?

R.- El papel del trabajo social en la investigación es fundamental. Siempre me he negado a realizar acciones aisladas sin metodología previa, sin un análisis y jerarquización de las necesidades que presenta el paciente y familia. Creo que es una obligación de nuestro colectivo contribuir a crear marcos teóricos que contribuyan a la sistematización de las prácticas, con metodología establecida y con la incorporación de evaluación continua que permita conocer el resultado de nuestras acciones, detectar las dificultades e irlas readaptando continuamente, pues la realidad social que llega a nuestro hospital es diferente y cambiante.

P.- ¿Ha habido alguna repercusión en tu investigación que incida en la población mayor? ¿Y en las personas jóvenes?

R.- Generalmente la incidencia de ictus se da en personas mayores de 55 años y el mayor volumen de intervenciones sociales lo he realizado con población mayor de 70 años, pudiendo comprobar la eficacia de la sistematización de la práctica. Las características personales, familiares y sociales que influyen en la intervención con pacientes jóvenes me han servido para incluir distintas acciones en la sistematización del abordaje psicosocial con pacientes con ictus.

P.- ¿Crees que el trabajo social en el ámbito sanitario ha cambiado mucho desde tus comienzos hasta ahora?

R.- Desde que comencé en 2010, he asistido a bastantes cambios significativos. Uno de ellos ha sido la inclusión de la asignatura de trabajo social y salud en la carrera de la Facultad de Educación y Trabajo Social de Valladolid. Que los futuros profesionales adquieran conocimiento y capacitación del trabajo social en el ámbito sanitario es fundamental.

Otro de los cambios significativos ha sido la creación y reconocimiento de herramientas propias de este ámbito, como el informe del trabajo social al alta hospitalaria, que refleja y visibiliza el abordaje psicosocial que se realiza durante la hospitalización del paciente y la necesidad de continuidad tras el alta.  Además, en nuestro hospital contamos con un manual de intervención del trabajo social, que aglutina los diferentes procesos y protocolos de actuación social que desarrollamos en diferentes ámbitos. Habría que destacar también el plan funcional de atención a pacientes con esclerosis lateral amiotrófica y el primer proceso propio del trabajo social en salud, en atención primaria.

P.- ¿Qué opinas de la visibilización del sector de la intervención en el ámbito sanitario?

R.- Sigue siendo muy escasa por diferentes factores que no siempre están bajo nuestro control. No todos los profesionales vivimos o sentimos la profesión de la misma manera y no aplicamos los mismos modelos de intervención. Escribir e investigar supone un sacrificio que no todo el mundo está dispuesto a hacer. Es necesario más apoyo para poder desarrollar funciones más allá de las meramente asistenciales. Hay que contribuir a estudiar, teorizar, investigar y sistematizar las acciones, dotarlas de rigurosidad y evaluarlas. Esto supone la creación de perfiles concretos que realicen estos cometidos.

A NIVEL PERSONAL:

P.- ¿Por qué decidiste estudiar Trabajo Social?

R.- Siempre he tenido claro que quería tener una profesión que me permitiera a ayudar a otros y contribuir a transformar la realidad micro que perjudica a los de mi alrededor, o influir en ella o proponer ideas para una realidad diferente. Tengo un profundo sentido de la justicia social y de la innovación.

P.- ¿Qué fue lo primero que hiciste nada más acabar los estudios?

R.- La necesidad de conocer la complejidad del ser humano me llevó a la especialidad en mediación familiar, ya que la familia es el primer lugar de socialización del ser humano y quería perfeccionarme en la resolución de conflictos por la vía conciliadora, para contribuir a unir y no a desunir. Después trabajé en un centro de acción social donde aprendí mucho sobre la práctica asistencial y la estructura de una comunidad. Fue un buen aprendizaje profesional.

P.- ¿Complementas tu trabajo con alguna titulación más?

R.- Con la licenciatura de Antropología Social y Cultural pude seguir ahondando en la complejidad del ser humano desde una experiencia más práctica. Conocí el grado de influencia en la familia de factores como la solidaridad o el esfuerzo y de qué manera es así, a qué motivos se debe, en qué sociedades y por qué. La cultura pesa y determina la manera de actuar del hombre.

P.- ¿Cuál es tu formación y experiencia en la investigación?

R.- En 2010 empecé a colaborar en atención primaria de salud en proyectos de investigación, como ‘Estudio sobre las percepciones, creencias y actitudes de los profesionales de atención primaria respecto al consumo de alcohol y su abordaje desde el sistema de salud’. Finalicé el Máster oficial de Especialización en Investigación Social con dos trabajos de investigación específicos del trabajo social en el campo de la neurología y parte de ellos se refleja en mis artículos.

P.- ¿Cuándo empezaste en el campo sanitario?

R.- En 2010 comencé en atención primaria en varios centros de salud y me ayudó a identificar y comprender cómo la persona que vive en una comunidad se presenta con unas necesidades diferentes ante el trabajo social en una institución sanitaria y en un centro de acción social. Recuerdo esta etapa desarrollando una atención centrada en el empoderamiento, el refuerzo positivo, el acompañamiento a la persona en la identificación de sus limitaciones y potenciación de sus fortalezas.

En 2015 comencé como trabajadora social sanitaria en el Hospital Clínico Universitario de Valladolid, vinculada al área de neurología. Sentí que cumplía la asignatura pendiente de conocer al ser humano.

P.- ¿Qué es lo que más te gusta de tu trabajo?

R.- Me apasiona la complejidad y especialización del ámbito hospitalario. Nuestra intervención social se produce en un entorno hostil e irritable para el paciente y estudiamos, entrevistamos, valoramos y establecemos el plan de poshospitalización en un tiempo récord. Además, me gusta estar en contacto permanente con el cerebro, aprendiendo de los neurólogos.

La humanidad se respira en mi hospital. La imagen fría e insensible de estos lugares está lejos de la realidad. Cada día veo la sensibilidad hacia los problemas, la consciencia de los profesionales de la vulnerabilidad del ser humano, de su fragilidad. Entre mis compañeras existe un concepto de lealtad y apoyo al trabajo social que prevalece sobre todas las dificultades.

P.- Un lema para ti

R.- Avance y progreso. Ante la adversidad cojo impulso para avanzar y cada día sueño con un nuevo proyecto.

P.- ¿De qué te sientes más orgullosa en tu vida? ¿Hay algún proyecto que te ilusione ahora mismo?

R.- A nivel personal, de mi hijo. Siempre he sentido vocación por mi profesión y dedicación continua, pero parece que mi hijo me ha dado todavía más. Estoy muy comprometida e ilusionada con construir un marco teórico del trabajo social en el campo de la neurología. Me fascina poder transcender en otros a través de la escritura y me encanta compartir aquello que aprendo.

P.- ¿Cuál es la cualidad que prefieres en una persona? ¿Y cuál consideras el mayor defecto?

R.- La humildad, la pasión y el sentido del humor. Me irrita la altanería y el orgullo mal gestionado.

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