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En Clave Social

Entrevista

"El trabajo social debe garantizar el bienestar social de los ciudadanos como un derecho"

La trabajadora social María Paz Longoria, que comenzó su carrera profesional en la administración pública, ha dedicado las últimas décadas a la docencia en la Universidad de Murcia

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RAQUEL VILLALÓN

María Paz Longoria es diplomada en Trabajo Social por la Universidad de Granada y doctora por la Universidad de Murcia. Desde 1972 ejerció la profesión en la administración pública y en la Seguridad Social en Madrid, en los servicios sociales sanitarios y en el IMSERSO en Murcia como funcionaria de carrera, en el cuerpo de trabajadores sociales.

Ha ejercido como profesora titular en la Escuela de Trabajo Social de la Universidad de Murcia, donde ocupó el cargo de subdirectora y coordinadora del Área de Trabajo Social. De 2014 a 2019 fue además decana de la facultad de Trabajo Social. Ha impartido clases sobre la metodología del trabajo social, las prácticas externas y el análisis y diagnóstico de necesidades en la facultad de Trabajo Social. Actualmente, está jubilada, pero continúa con labores de dirección de tesis doctorales.

Ha publicado numerosas obras relacionadas con el trabajo social, como Trabajo social hospitalario (1987), Propuesta de un modelo evaluativo del servicios de Ayuda a domicilio (2000), Introducción a la metodología (2002), La supervisión en el practicum (2010), La formación en mediación y el Trabajo social (2013) o La formación en gestión constructiva de conflictos en el grado en Trabajo Social (2015). Junto a Rosa María Esteban, ha escrito el libro Análisis y Diagnóstico en Trabajo Social. Forma parte, igualmente, del comité editorial y científico de varias revistas españolas.

Ha colaborado en la puesta en marcha del Máster Universitario en Mediación y en el Doctorado en Intervención Social y Mediación en 2006, así como en el Doctorado en Trabajo Social Interuniversitario, con la Universidad Rovira i Virgili de Barcelona y la Universidad Pública de Navarra.

1.- ¿Qué balance realizarías de los últimos meses de crisis con motivo de la pandemia originada por la COVID-19 dentro del ámbito universitario y la forma de afrontar los obstáculos que se han ido presentando?

Para los universitarios la COVID-19 ha sido un reto en muchos aspectos. Por un lado, ha significado cambios en la metodología de trabajo, reinventar las cases online, pero también cambios en una parte muy importante de nuestras titulaciones, que es el acceso al campo de prácticas. Desde sus comienzos la titulación de Trabajo Social incorporó el aprendizaje en los campos profesionales. Esto ha sido siempre una gran fortaleza de nuestros estudios ya que incorporábamos al estudiante a la realidad con mucha ventaja sobre otras titulaciones, como Derecho o Psicología, que no lo hicieron hasta que se incorporaron a la metodología de Bolonia. Pero esta fortaleza se ha debilitado temporalmente por las adaptaciones necesarias en la evolución de la pandemia

2.- ¿Consideras importante para el trabajo social sistematizar las experiencias profesionales como brújula o guía para los demás profesionales?

Siempre he considerado que la Academia debe incluir dos vertientes del conocimiento. La primera de ellas se refiere a la necesidad de generar conocimientos, de avanzar teorías y procedimientos que puedan ser fácilmente incorporados a la práctica. Creo que disponer de bases teóricas y metodológicas ayudan en el diagnóstico y en la intervención profesional. La segunda se refiere a la vía contraria. El mundo profesional debe poder realizar sus valoraciones e intervenciones de forma organizada y siguiendo, en lo posible, los requerimientos científicos en la toma de datos, registros, etcétera, para que puedan ser sistematizados y aprovechados por otros profesionales. El trabajo social tiene muchos conocimientos, datos, contactos, relaciones que deben ser aprovechados para apoyar las teorías existentes o para avanzar hacia nuevas formulaciones. Sabemos mucho en el terreno profesional pero en muchas ocasiones ese conocimiento es aprovechado por otros profesionales que, finalmente, las presentan como aportaciones propias. Es preciso que el mundo profesional impacte mucho más en las instituciones y en el conocimiento. 

3.- ¿Qué lección crees que le va a quedar al trabajo social derivada de la realidad social actual?

El trabajo social está siempre en realidades muy complicadas. Para nosotros los problemas, las circunstancias adversas, no son una novedad. La COVID-19 ha venido a ponerlas de relieve. Siempre entendí que era muy necesaria la colaboración entre los servicios de salud y los servicios sociales. Una reciente tesis doctoral de nuestro querido compañero José Manuel Ramírez lo ha puesto de manifiesto en el ámbito de la dependencia. Ahora la sociedad se da cuenta de que hay que desarrollar servicios sociales más potentes. En la transformación que realizaron Patrocinio Las Heras y todos los componentes de colegios profesionales hace 30 años ya se indicaba la necesidad de estructura de base local que pudiera prevenir y dar respuesta a las necesidades. El trabajo social debe situarse en la perspectiva de servicios necesarios (públicos o privados) para garantizar el bienestar social de los ciudadanos como un derecho.

4.- ¿Qué mapa del panorama social nos vamos a encontrar cuando todo esto haya acabado?

No es un secreto que el panorama socio-sanitario actual va a generar graves problemas a las personas. Y mucho más a colectivos tradicionalmente usuarios de nuestros centros sociales. El voluntariado ha venido a ayudar en el panorama actual con bastante eficacia. Pero esos dispositivos no se realizan por arte de magia. Se necesita mucha labor profesional detrás. Y aquí el trabajo social tiene que adaptarse. Conseguir elaborar proyectos serios para los colectivos, incluir profesionales bien formados. Y en este sentido los centros de formación, en especial las universidades, deben profundizar en metodologías de ‘intervención en crisis’ para poder formar equipos con otros profesionales. Y no perder de vista nunca que el conocimiento y la formación son la base para la motivación y la voluntad.

5.- ¿Cuál ha sido la experiencia más positiva que has encontrado en tu vida profesional? ¿Y la más negativa? ¿Qué reflexión se deriva de ambas?

A lo largo de mi trayectoria profesional, desarrollada entre 1971 y 1991, he tenido muchas experiencias positivas. Entré en la Seguridad Social como funcionaria en los servicios provinciales de Madrid y desde allí un grupo de ocho trabajadoras sociales aplicábamos nuestros amplios conocimientos para reconducir con pensiones a personas que habían quedado fuera del sistema. Ya en Murcia ayudé a estructurar el Servicio de Ayuda a Domicilio en la Región y por último participé con mucho orgullo en la puesta en marcha de la Escuela de Trabajo Social en la Universidad de Murcia y en su consolidación a través del Grado, Másteres, Doctorado y en la creación del Departamento de Trabajo Social.

La parte negativa de mi experiencia profesional se centraba sobre todo en la falta de reconocimiento, por parte de las instituciones, del rol del trabajador social. Siempre luchando por defender el espacio, por disponer de recursos para las situaciones sociales que enfrentaba. Una experiencia negativa que recuerdo en particular fue la impotencia por recolocar a una niña, custodiada por el Tribunal de Menores, a la que devolvieron de varios hogares sin tener motivos conocidos.

6.- Durante tu larga trayectoria profesional, habrás visto alcanzadas la mayor parte  de tus metas. ¿Cuál de ellas es la que más valoras?

Mis metas siempre fueron por el camino del trabajo social y su desarrollo. Puedo decir que sí se han cumplido holgadamente. Pero el trabajo social no es solo una titulación. Es un virus, en sí mismo. Después de estudiar Trabajo Social completé mi formación con licenciatura en Psicología y posteriormente me doctoré en Psicología. Nunca me consideré psicóloga, siempre trabajadora social. Sin embargo, en aquel momento no se podía avanzar en la formación más allá de la diplomatura. Por eso estoy muy satisfecha con que ahora nuestros estudiantes tengan el rango de Grado (licenciado) y que puedan avanzar, si lo desean, a conocimientos de Máster y Doctorado. En mi caso no pude doctorarme en Trabajo Social.

7.- ¿Qué línea de actuación seguirías para poner en valor el trabajo social desde el emprendimiento, la innovación social y el espejo que tienen las instituciones en todo este panorama?

En primer lugar, la línea que seguiría es la del conocimiento, cada vez mayor, de los sujetos y realidades con los que desarrollamos nuestra actividad profesional. No solamente los colectivos a nivel individual sino la participación en políticas sociales serias basadas en estudios rigurosos aportados también desde la práctica. Además, en segundo lugar,  habría que diseñar planes para defender a los profesionales que se encuentran en muchas ocasiones inmersos en dificultades competenciales con otros profesionales. La definición del trabajo social y sus competencias, contenidas en el Libro Blanco, deben prevalecer sobre otras consideraciones. Se ha tenido que luchar en muchos territorios para que el profesional de referencia en el ámbito de la dependencia fuera el trabajador social. O también se discute si el trabajador social sanitario es o no docente en el ámbito de la salud. Por último, creo que sería bueno que se diera una correcta imagen del trabajo social, no solo como el profesional al que se va a solicitar una prestación sino como referente en el apoyo, seguimiento y participación de los ciudadanos. Esta imagen la damos los profesionales cuando actuamos pero también la literatura, los medios de comunicación, a los que hay que llegar para que la sociedad conozca nuestras posibilidades.

8.- ¿Piensas que el modelo de programas en servicios sociales limita en determinadas ocasiones nuestra intervención profesional?

No, el modelo de servicios sociales fue, y es, un gran avance de nuestra democracia hacia la consideración de los derechos sociales de los ciudadanos. Es una estructura que permite llegar a todos los lugares y ciudadanos, con dotación presupuestara.

Lo que sí creo es que los profesionales debemos ir más allá de lo que suponen las normativas para realizar una valoración global de las situaciones sociales y aplicar recursos si es preciso, pero el recurso fundamental es el propio trabajador social, sus conocimientos, su motivación, su interés real por ayudar a solventar la situación. La intervención profesional debe ir más allá de la aplicación de recursos.

9.- ¿Cuáles son las expectativas de futuro para el trabajo social, bajo tu perspectiva? ¿Qué visión de futuro en relación al trabajo social les transmites a tus alumnos?

Yo creo que el trabajo social es una disciplina y una profesión con gran futuro. Los problemas sociales se multiplican y adquieren, cada vez, dimensiones más complejas. El futuro pasa por avanzar en los estudios, en compartir literatura rigurosa, realizar investigaciones en el campo y sobre todo, aprender a sistematizar y publicar las intervenciones. El mundo de los jóvenes, el impacto de las nuevas tecnologías, las posibilidades de quedar marginado por no tener acceso o por no poder desarrollarlas. Y también las cuestiones relativas al acoso y la violencia. Los alumnos llegan con mucha motivación pero sin conocimiento de lo que significa el trabajo social. El mundo que enfrentamos les resulta muy duro. Muchos de ellos nunca han tenido contacto  con ese tipo de problemas. Lo que intento siempre transmitir es que el trabajo social es potente, que lleva mucho tiempo incorporando aportes muy importantes a la sociedad y que yo he notado un gran avance desde las épocas en que yo estaba en la intervención profesional. Pero también intento motivar para que entiendan que ellos son los avances más importantes. Deben creer en sí mismos, en la profesión y en la disciplina.

MARÍA PAZ GARCÍA-LONGORIA DE CERCA

1.- ¿Por qué decidiste estudiar Trabajo Social?

Creo que por mis circunstancias familiares, por un lado, el conocimiento de factores sociales durante el bachillerato, la lucha por mejorar en tiempos del franquismo, muy complicados y también la facilidad de que la escuela estaba en el colegio donde yo había estudiado el bachillerato.

2.- ¿Cuál es el mejor recuerdo que guardas de tu época de estudiante?

En aquella época los estudios eran muy marginales para el establishment. Algunos aportes de la sociología, psicología y medicina y nula teoría del trabajo social. Las prácticas ocupaban mucho tiempo pero casi no había trabajadores sociales en ejercicio, por lo que se limitaban a observar. La motivación de todas mis compañeras (éramos todas mujeres) y la relación entre nosotras es un recuerdo imborrable.

3.- ¿Qué ha aportado a tu vida personal estudiar Trabajo Social? ¿Volverías a repetir la experiencia si volvieras al pasado?

El trabajo social era casi religión en mi vida personal. Puedo decir que ha sido uno de los grandes hitos de mi vida. Aún ahora, ya jubilada, sigo participando con la facultad y con los profesionales en la elaboración de proyectos, investigaciones, publicaciones. Siempre he dicho que el trabajo social es un gusanillo que se lleva dentro y que te persigue donde estés. Sí volvería a estudiar Trabajo Social nuevamente.

4.- ¿Cómo has pasado el confinamiento en tu vida personal?

El confinamiento lo he llevado un poco como todos. Me acababa de jubilar cuando entramos en cuarentena. Lo peor era no poder estar con mis hijos, pero las tecnologías y una organización horaria me ayudaron personalmente. Lo peor era ver, o imaginar, lo que estaba pasando con muchas familias que estaban normalizadas y que podían perder su equilibrio tanto material como psicológico en esta situación.

5.- Libro o libros de cabecera, en la actualidad.

Tengo cuatro en este momento. El que estoy leyendo en primer lugar es El olvido que seremos, de Hector Abad Faciolince. Y en lista de espera: Aquitania, de Eva García Sáenz de Urturi; Un Océano para llegar a ti, de Sandra Barneda; y, por último, Hijos ingratos, de Pascual Ortuño.

6.- ¿Cuál es el proyecto que más te ilusiona actualmente?

Me ilusiona seguir apoyando el desarrollo de las titulaciones de trabajo social tanto en Grado como en Másteres y Doctorado.

7.- ¿Qué aspecto te enorgullece más de tu trayectoria profesional? ¿Y de tu vida personal?

En mi vida profesional me enorgullece el haber formado parte de un colectivo de trabajadoras sociales que empujamos, estructuramos y aplicamos el desarrollo del trabajo social en España. En mi vida personal, mis tres hijos.

8.- Tu momento más especial del día.

Durante el día suelo trabajar un poco, hacer ejercicio, pero me relaja cocinar. El momento más especial es cuando estoy con mi nieta de 6 años, con mis amigas o cuando desconecto de responsabilidades y me limito a descansar.

9.- Una frase que te conmueva.

“Si lloras por no poder ver el sol, las lágrimas te impedirán ver las estrellas” (R. Tagore).

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